Lo que le jode a Mi Magdalena

Hay muchas cosas que le joden. Una es tenerme despierta a estas horas escribiendo lo que pasa por su (puta) cabecita (loca). Pero dice la muy puñetera que a estas horas es cuando mejor le salen las palabras, cuando todo fluye y sólo tiene que sentarse y vaciarse en el teclado.

Hacerlo a estas horas le jode, especialmente, porque le imagina despierto, en otra cama, con otra persona y ella, mientras tanto, aquí conmigo desahogándose. Sin permitirse pensar en esos días que estuvieron juntos. Le parecen tan lejanos que no siente que haga menos de una semana que no le toca si alarga el brazo en la cama, que no le besa antes de marchar a trabajar, que no le ve al despertar.

Acaba de darse cuenta, me ha dicho, que por fin sabe, Mi Magdalena, por qué no se ha venido abajo estos tres últimos días. Porque ha evitado, y conseguido, pensar en cualquiera de los momentos que pasaron juntos. Porque no ha vuelto a sentarse en el sofá. Pasa de la silla donde no se sentó en esa semana a la cama. Tan cansada que no puede ni pensar, que no quiere ni recordar.

Ya le he dicho que llegará un momento en que tendrá que sentarse de nuevo en el sofá, que tendrá que recordar alguno de los momentos que pasaron juntos. No puede evitarlo siempre, aunque le vaya a doler cuando lo haga.

Me ha mirado y me ha dicho “Ya veremos… quizá si pasa el tiempo necesario, cuando lo haga ya no duela”. Después de eso ha soltado una carcajada que ha sonado un poco a que no tiene muy claro que vaya a ser así, pero que está decidida a intentarlo.

Y ahora, mientras escribo esto, miro a Mi Magdalena y la observo mirar el sofá. Como quien mira con miedo. Como quien no quiere mirar, pero no puede evitarlo.

Al lado del sofá están, en el mismo sitio que él las dejó. Las barritas de incienso. No quiere seguir mirando, Mi Magdalena, ni el sofá, ni las barritas, ni las frutas, ni nada. Quizá otro día se sentará en el sofá, encenderá una barrita de incienso, se hará un porro y escuchará al Maestro. Quizá. Otro día. Hoy no.

¿Es casualidad…

… que vayas en el coche con una persona y justo suene la canción que te recuerda a esa persona?

Mi Magdalena cree que no, que no hay casualidades en estas cosas.

Conversaciones en madrugadas lejanas, canciones llenas de recuerdos, canciones que acumulan recuerdos. Conversaciones que (quizá) no se repetirán nunca.

La confianza da asco

Qué gran verdad. Esta tarde he estado hablando con Mi Magdalena y me ha pedido que le deje el teclado hoy, que quiere escribir ella.

No sé si algún día leerás esto, no sé si algún día buscarás el blog en el que sabes que se habla de ti. Si te acordarás de alguna frase cuando te leía algunos posts hace unos días, y te dará por ir a Google para ver si eres capaz de llegar hasta aquí.

Si has llegado tienes premio, te voy a contar cómo me has hecho sentir hoy. ¿Te acuerdas de la conversación que tuvimos ese domingo, después que te leyese los posts de este blog mientras estabas en el sofá escuchándome?  Cuando te conté cómo me hiciste sentir hace dos años y como me sentí después, cuando te marchaste. Me dijiste que no me querías hacer daño. Te creí. Fallo mío. Me dijiste que tenías que marchar y te dije que sin problemas, que no era lo mismo que hace dos años. Ni los sentimientos ni las situaciones.

Al día siguiente me dijiste que te quedabas un día más, y al siguiente, que te quedabas otro más. y así hasta el tercero. Me abrí y te conté cómo me habías hecho sentir, cómo no quería volverme a sentir. Que no quería volver a sentirme un kleenex, un segundo plato, no sé… poca cosa.

Y hoy has hecho que me vuelva a sentir así. Que nada ha importado, que nada te ha importado. Sólo hacía 4 días que nos habíamos despedido y has tenido la necesidad de vomitar lo que te pasa por la cabeza. Que igual te gusta tu amiga. Pues de puta madre ¿sabes? Que me alegro por ti y todo eso, pero que la próxima vez que sientas esa necesidad de vomitar cosas porque somos amigos y tenemos mucha confianza, te puedes parar a pensar un poquito en las circunstancias. Un poquito nada más, eh?

Igual decirle eso a una persona con la que has pasado 8 días, con la que has compartido tantas cosas, … sólo 4 días después de haberte marchado, no es lo más acertado. Bueno, igual no… NO es lo más acertado. Me parece estupenda toda la confianza y toda la sinceridad, pero has sido un cabrón. Cero respeto.

Si no sabes si ella te gusta o no, puedes esperar unos días a estar seguro antes de decírmelo. Porque para no querer hacer daño ni hacerme sentir mal, te has cubierto de gloria.

Te he contestado muy sinceramente y quiero que sepas, si alguna vez llegas hasta este blog, que lo he hecho porque valoro tu amistad. Pero ahora mismo, no puedo estar cerca de ti. Porque siempre que estamos muy cerca acabas haciendo/diciendo algo que me hace daño y abre una brecha enorme entre nosotros. No puedo estar cerca de ti ahora. Otra vez no puedo estar cerca tuya.

Algunas cosas tienen consecuencias. Follarte a una buena amiga, estar 8 días con ella, saber que la has ilusionado y decirle a los 4 días que igual la siguiente sí te gusta… tiene algunas. Que tu amiga se enfade y se aleje, es la más clara.

“Pondría en su boca…

todas estas palabras”, me dice Mi Magdalena. Y, un poco amargamente, añade: “pero no hacia mí…”

“Eso tiene su parte buena, Magdalena. Quiere decir que, quizá, el final no está escrito”, le digo. Y me mira con esa mirada a medias entre la esperanza y el miedo y contesta con un “Ya, supongo… que puede ser”.

Escucha baladas de hace años, cantadas por ese cantante que tantas noches la miraba mientras ella dormía, desde una bandera colgada en la pared de su habitación. Y sabe que es mejor que pueda poner esas canciones en boca de otros hacia otras, que en su boca hacia otros. O en la boca de otros hacia ella.

Espera

Mi Magdalena espera que encuentres tu camino, Caminante. Que seas feliz de nuevo, tan feliz como te mereces (que es mucho). Que todos los kilómetros, fotos, experiencias, personas y situaciones que encuentres, te sigan enriqueciendo.

Te desea que vueles. Alto. Altísimo.

Y quiere (te diría que para ella, pero sé que lo quiere para los dos), que vuelvas.

(It’s hard) letting you go

Hay noches en los que ninguna canción dice lo que Mi Magdalena quiere que digan. Noches en las que no encuentra nada que exprese lo que ella siente.

Mucha distancia entre ellos. Volver a dejarse dejarle marchar. Sin ponerse en medio. Con la (vana?) esperanza de que sus caminos se vuelvan a encontrar.

Y aunque ninguna canción tiene, esta noche, los sentimientos de Mi Magdalena, ésta se le acerca.

Es increíble lo que escribir unas palabras ayudan a Mi Magdalena, y a mí, a desahogarse.