Vacía

Por fin.

Mi Magdalena ya está tranquila, al menos bastante más tranquila que estas semanas atrás. El otro día habló con él y le pudo decir lo que sentía, por qué estaba dolida y enfadada con él. Aunque sabe que, seguramente, él se quedó con lo que se quiso quedar de la conversación y, por supuesto, todo le da igual.

Hay gente que confunde ser sincero con decir las cosas sin pensar. Y son cosas bastante diferentes.

Pero bueno, hay gente egoísta y que no quiere ver lo que ha hecho, aunque se lo expliquen tranquilamente. Y sí, él ha sido un egoísta que no se ha preocupado un carajo por Mi Magdalena. Ella lo sabía, pero ahora lo tiene clarísimo. Nadie que no lo sea deja una conversación importante a medias y se va, para no volver a dar señales de vida.

Con eso, terminó de demostrarle todo.

Pero bueno, Mi Magdalena casi está por decirle que gracias, que le ha ahorrado un tiempo precioso poniéndole las cosas así de fácil.

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Tan amigos

Fuimos tan amigos .. mira ahora,
no lo pongas aun peor.
Ya te dije que era fácil ..
que acostarnos acarreara este dilema,
pero siempre me decías: “tú y yo no,
tú y yo somos especiales ..”
Son tus frases, mías no.

No quiero engañarte (no es tan fácil)
No a una relación (no lo digas)
No voy a llamarte (puede ser peor)
No te hablo de amor.

No quiero engañarte (no es tan fácil)
No a una relación (no lo digas)
No voy a llamarte (puede ser peor)
No te hablo de amor.

Fue un plan que no salió.
Y no fue más que un buen plan.
Si no salió .. ¿qué más nos da? ..
no fue tan mal. Pasó.
¿Recuerdas tu canción?

No voy engañarte (no es tan fácil)
No a una relación (no lo digas)
No voy a llamarte (puede ser peor)
No te hablo de amor.

No quiero engañarte (no lo entiendes)
No a una relación (no es mejor)
No voy a llamarte (si volvemos a hacerlo esto puede acabar peor)
No te hablo de amor.

No voy engañarte (no lo intentes)
No a una relación (no, ya no)
No voy a llamarte (ni te amo, ni quiero, ni te echo de menos)
No te hablo de amor.

Vuelven

los recuerdos de Mi Magdalena. Los recuerdos de una semana en la que volvió a su Komala particular. Donde quizá no debió volver porque, ya lo dice el de Úbeda: al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver.

Ahora anda, Mi Magdalena, descubriendo el precio del billete a Komala.

Trabajar

Trabajar. Estudiar. Dormir. Trabajar. Estudiar. Dormir. Seguir trabajando.

Lo que sea está haciendo Mi Magdalena para evitar tenerle en la cabeza. No es que le esté saliendo especialmente bien, porque sigue teniéndole en el pensamiento, pero cada día menos rato.

Irreconocible

Así veo a Mi Magdalena.

No la había visto tan cabreada, tan dolida, en muchísimo tiempo.

Lo cierto es que me asusta verla así, no estoy acostumbrada a que sus enfados duren tanto. Puede ser porque hace mucho tiempo que no le hacían tanto daño.

Está tan enfadada que no puede acordarse de esos días. Está tan enfadada que no puede ni llorar. Y he intentado hacerla llorar, pero no lo he conseguido. Se le llenan los ojos de agua, se emociona un poco y… se pone seria y sigue enfadada.

Quizá si él diese señales de vida, ella pudiese hablar con él, decirle lo que piensa. Y poder soltar toda la rabia que, ahora mismo, le está consumiendo. Y seguir hacia delante.

Es complicado saber

por dónde va a salir Mi Magdalena estos días.

Tiene un nudo dentro de ella que no la deja seguir adelante. Le queda una conversación, decirle todo lo que quiere decirle, no se quiere dejar nada en el tintero. Quiere ser sincera. Ser sincera y decirle que le ha hecho daño, que la próxima vez…oh wait! que no va a haber próxima vez, que a partir de ahora busque otro sitio en el que poder vomitar todos sus pensamientos, ser sincero y cualquier tontería que se le ocurra.

Que sea un inmaduro, un idealista y un tonto del haba en cualquier otro lado. Pero no con ella. Ella ya ha acabado de hacer el gilipollas aquí. Aunque cuando se lo diga se va a pegar el sofocón del mes. Quizá no en ese momento, quizá en la siguiente media hora, quizá dos días más tarde.

Pero ya no aguanta más, Mi Magdalena.